El embarazo es una etapa delicada para todas las mujeres. Es muy importante consultar todas las dudas y preguntas que puedan surgir, temores irracionales o ridículos incluidos, ya que el estado mental de la madre también es importante para la gestación.

Durante el embarazo debe consultar inmediatamente con un profesional cuando:

  • Desmayos.
  • Vómitos intensos.
  • Mareos.
  • Aumento súbito de peso.
  • Hinchazón general.
  • Orina escasa o molestias al orinar.
  • Dolor abdominal.
  • Dolor de cabeza intenso.
  • Secreción acuosa vaginal.
  • Hemorragia vaginal.
  • Fiebre.
  • Erupción generalizada.

La primera visita de la embarazada al ginecólogo servirá para completar la historia clínica y realizar una exploración física completa. Sería ideal que se haya acudido al mismo especialista para realizar una consulta preconcepcional. La primera visita de control se realiza en la 7ª y 10ª semana de gestación.

Durante esta revisión es posible confirmar el diagnóstico de embarazo y descubrir antecedentes que pueden actuar sobre el embarazo. También permite descartar las primeras complicaciones (embarazo ectópico etc.) y dar pautas de higiene a la madre.

El objetivo es siempre la correcta prevención de cualquier complicación del embarazo que pueda poner en riesgo la salud del bebé o de la madre. Durante los 9 meses se hace un control periódico del feto. Esto incluye exámenes obstétricos para determinar el crecimiento, posición y condiciones del feto, el peso, la tensión arterial etc.

A través de muestras de orina se puede detectar la presencia de proteinuria (albúmina), glucosuria (azúcar), acetonuria (acetona) o hematuria (sangre).

En función de los resultados de todos estos exámenes, se actúa en consecuencia, y en función de las características de cada embarazo, se pueden llevar a cabo una serie de pruebas complementarias:

Análisis de sangre.
Ecografía obstétrica.
Ecocardiografía.
Pruebas de diagnóstico prenatal.
Controles en el primer trimestre

Pruebas que realiza el Instituto ICERA durante el primer trimestre de la gestación:

Analítica del primer trimestre.
Ecografía de primer trimestre, se realiza hacia la segunda falta menstrual (8 a 10 semanas).
El estudio ecográfico por vía transvaginal, lo que mejora significativamente la resolución y calidad de las imágenes ecográficas obtenidas.

Durante las primeras semanas de embarazo la ecografía permite:

Confirmar la gestación y averiguar si es evolutiva.
Precisar la localización intrauterina correcta.
Calcular las semanas de gestación
Conocer el número de embriones viables.
Averiguar si existe alguna patología ginecológica asociada (quistes ováricos, miomas, etc.).

Análisis básico de sangre que incluye la determinación del estado inmunológico de todas aquellas infecciones que pueden transmitirse al feto. Este análisis detecta el grupo sanguíneo y factor Rh del feto.

Es importante saber si es Rh – (negativo) para prevenir los problemas de incompatibilidad en posibles transfusiones, etc.

Hemograma y plaquetas.

Es importante conocer si la gestante sufre anemia, y en caso afirmativo saber de qué tipo. También hay que conocer si el número y morfología de los glóbulos blancos y plaquetas es normal, para poder descartar procesos infecciosos, inmunológicos o incluso hematológicos.

Pruebas de coagulación.

El momento del parto o incluso algunos momentos del embarazo pueden causar hemorragias en la madre si sufre algún problema de coagulación en la sangre. Para evitarlo, se realiza una ‘batería de pruebas’ para descartar anomalías o trastornos de coagulación.

Glucemia.

Se valora el nivel de glucosa (azúcar) en sangre. Esto permite descartar una diabetes no detectada con anterioridad o confirmar la posible aparición de una diabetes durante la gestación, que se suele revertir tras el embarazo.

Serología luética.

Mediante la prueba denominada RPR o VDRL se pretende descartar la presencia de anticuerpos de la sífilis. Si diera positivo habría que verificar el resultado con otras pruebas y tratarse, pues la enfermedad puede afectar gravemente al niño.

Serología de la toxoplasmosis.

El 85% de los adultos ha sufrido toxoplasmosis alguna vez en su vida. Se trata de infección parasitaria que no suele mostrar síntomas de forma evidente. Esta enfermedad puede afectar gravemente al feto cuando se padece por primera vez durante el embarazo, llegando a poder producirse un aborto espontáneo.

Existe un análisis que permite detectar anticuerpos IgM positivos para saber si se ha infectado recientemente, o bien la infección lleva tiempo en el paciente y muestra anticuerpos IgG altos e IgM negativos, caso en el que no habría peligro para el feto.

En caso de no haber pasado aún esta enfermedad y no estar inmunizada a ella, el profesional médico debe recomendar medidas profilácticas para minimizar el riesgo de infección.

Serología de la rubéola.

La rubéola es una enfermedad vírica que suelen padecer niñas pequeñas. Desde hace años se viene vacunando a todas las mujeres, por lo que es raro sufrir la rubéola a partir de cierta edad.

Si la enfermedad aparece durante el embarazo (contagio por otro hijo, etc.) puede ser verdaderamente peligroso para el feto. Durante el embarazo, la madre no puede ser vacunada contra la rubéola, por lo que se les recomienda evitar cualquier situación de riesgo y vacunarse a posteriori.

VIH.

Aunque el VIH (SIDA) es una de las enfermedades más conocidas entre la población y ante la que más información se ha difundido, es parte del trabajo del ginecólogo efectuar una prueba de VIH aunque no se tenga ningún factor de riesgo.

Es necesaria para confirmar la no enfermedad de la gestante y el control epidemiológico de la enfermedad.

En caso de un diagnóstico positivo y precoz, es posible reducir drásticamente el riesgo de transmisión materno-fetal mediante unos tratamientos adecuados sobre la fecha probable de parto.

Sedimento y cultivo de orina.

El análisis de orina permite descartar cualquier infección de vías urinarias, problema que sufren muchas mujeres, sobre todo durante el embarazo.

Test EBA

El Test EBA o Screening ecográfico-bioquímico de aneuploidías es la prueba que determina el índice de riesgo de que el feto desarrolla síndrome de Down. Se realiza combinando los siguientes métodos:

Ecografía transvaginal en HD
Estudio bioquímico de la sangre materna (alfa-fetoproteína y beta-hCG)

El resultado del Test EBA no permite establecer un diagnóstico definitivo, sino que apunta un porcentaje de índice de riesgo de cromosomopatía. Este Test es válido únicamente para el embarazo concreto en que se realiza y debe repetirse la prueba ante cada gestación.

Dependiendo de los resultados del Test EBA se valora la conveniencia o no de realizar otra prueba con valor diagnóstico. Estas pruebas suelen ser o bien una amniocentesis o bien una biopsia de corion para obtener el cariotipo fetal.

Estas pruebas son más agresivas, por lo que solo se recomiendan a embarazadas que no pertenecen a un grupo de alto riesgo de cromosomopatía. En caso de que hubiese alto riesgo de cromosomopatía se recomendaría realizar una técnica invasiva para la obtención del cariotipo fetal.

Pruebas que realiza el Instituto ICERA durante el segundo trimestre de la gestación:

En la analítica del segundo trimestre se suelen realizar las siguientes determinaciones:

Hemograma.

Este tipo de analítica sirve para controlar el número de glóbulos rojos de la madre y los valores de hemoglobina y hematocrito para detectar cualquier grado de anemia que fisiológicamente se produce en el embarazo. Si el nivel es más alto de lo normal debe medicarse, ya sea con vitaminas, hierro etc. Una anemia grave podría afectar al normal suministro de oxígeno al feto.

Test de O’Sullivan.

Esta simple prueba consiste en administrar a la gestante un líquido con 50 g de glucosa para, transcurrida una hora, determinar la glucemia. Si el resultado es menor a 140 mg/dl, se descarta una diabetes gestacional. Si se supera se realiza una curva de glucemia.

Serología de toxoplasmosis.

En caso de que durante el análisis de toxoplasmosis realizado en el primer trimestre se confirmase que la gestante no ha padecido la enfermedad con anterioridad, se realiza de nuevo un análisis para asegurar que no se haya contraído la enfermedad durante el embarazo.

Test de Coombs indirecto.

El test de Coombs indirecto permite detectar la presencia de anticuerpos grupales (ABO) anti-D y no-A no-B y no-anti-D, lo que permite su investigación y control. El test se realiza a todas las mujeres de cualquier grupo sanguíneo y factor Rh.

Sedimento de orina.

Es conveniente realizar de nuevo un sedimento de orina para confirmar que no se ha contraído ninguna infección urinaria

Ecografía

Una vez la gestación alcanza el segundo trimestre, se realiza, sistemáticamente, una ecografía a las 20 o 22 semanas para detectar cualquier malformación fetal. A estas alturas del embarazo, el feto es de suficiente tamaño para ver sus órganos.

No se suele retrasar más esta ecografía para que, en caso de malformación grave en el que haya peligro para el bebé o la madre, se pueda realizar una interrupción legal de la gestación.

En esta ecografía se estudia minuciosamente la anatomía fetal para controlar:

  • Biometría fetal.
  • Detección de malformaciones, 7 de cada 10 son diagnosticables por ecografía.
  • Sexo fetal.
  • Localización placentaria.
  • Valoración del volumen de líquido amniótico.
  • Movimientos fetales.
  • Doppler en arterias uterinas.
  • Valoración de la longitud cervical.

Esta ecografía puede encontrar un 70% de malformaciones, pero algunas circunstancias como la obesidad, el poco líquido amniótico, la posición fetal, etc. pueden impedir detectar alguna malformación. También se a de tener en cuenta que algunas malformaciones se pueden llegar a desarrollar semanas más tarde.

Pruebas que realiza el Instituto ICERA durante el tercer trimestre de la gestación:

Durante el tercer y último trimestre de la gestación se realizan estas pruebas:

Analítica del tercer trimestre.
Control de la condición fetal.
Electrocardiograma (ECG).

El objetivo de esta última analítica es controlar totalmente la gestación de cara al parto y la anestesia obstrética. Incluye estas determinaciones:

Hemograma

De nuevo, con intención de detectar la presencia de anemia y su grado.

Pruebas de coagulación

Esta prueba de coagulación se realiza para, en caso de que sea positiva, limitar las técnicas a aplicar. No se puede aplicar la anestesia regional (epidural). También existe mayor riesgo de hemorragia en el parto.

Sedimento de orina

Una última vez, para descartar cualquier nueva infección urinaria

Ecografía de tercer trimestre.

Se realiza para comprobar el estado de salud del bebé, el crecimiento del feto, su posición, la cantidad de líquido amniótico y evaluar la placenta.

Estimulación vibroacústica fetal (EVA).

La EVA es una prueba para conocer el estado del feto, permitiéndonos conocer las modificaciones de la frecuencia cardíaca fetal (FCF) tras la estimulación fetal mediante una laringe artificial.

Fluxometría Doppler.

Se trata de un examen indoloro e inofensivo, similar a una ecografía. Gracias a esta fluxometría podemos evaluar el flujo hemático de un vaso determinado, mediante el Doppler pulsado. De esta manera podemos adelantarnos hasta 3 semanas en comparación a otros métodos para saber si hay signos de peligro para el feto o la madre.

Cardiotocografía o prueba de “las correas”.

Una cardiotocografía (CTG) permite registrar continuamente y de forma electrónica la frecuencia cardíaca del feto (FCF) y de la actividad del útero (contracciones y movimientos fetales). También obtenemos información de la Reserva Respiratoria Fetal (RRF), o dicho de otra forma, la facilidad que tiene la placenta para enviar oxígeno de la madre al bebé. También es importante conocer hasta que punto han madurado los mecanismos de defensa del feto ante el “estrés”. Se trata de una prueba de diagnóstico simple, inofensiva e inocua.

Casos particulares: dependiendo de las condiciones clínicas puede ser necesario realizar pruebas complementarias:

Amnioscopia.

Esta prueba permite estudiar el líquido amniótico, es decir, el líquido donde se encuentra el feto. Se utiliza un dispositivo óptico llamado amnioscopio. Normalmente, se realiza cuando el embarazo sale de cuentas pero la mujer no da a luz, por lo que es necesario asegurar que la prolongación del embarazo no es peligrosa para el feto.

Amniocentesis tardía.

En caso de que la amnioscopia no sea posible u otras pruebas de bienestar fetal arrojen dudas, se suele realizar una amniocentesis tardía. Consiste en la extracción de una pequeña muestra de líquido amniótica mediante una punción en la pared abdominal de la madre con un aguja extremadamente fina.

Evaluación pélvica.

Conforme se acerque el fin de la gestación, es clave confirmar que el cinturón óseo materno tiene una dimensiones adecuadas, sobre todo cuando es el primer parto de la mujer. Este cinturón óseo es el camino que debe atravesar el feto debe durante el parto.