Las infecciones vaginales o vaginitis son enfermedades muy comunes: hasta 9 de cada 10 mujeres sufren al menos una a lo largo de su vida. Los síntomas más evidentes son el picor o quemazón en la zona genital, una secreción diferente del flujo normal o un olor extraño.

Enfermedades como la vaginosis, la vaginitis candidiásica u otras dolencias genitales suelen originarse por un desequilibrio en la flora vaginal, conjunto de microorganismos que forman una barrera natural que protege esa mucosa de posibles infecciones.

CAUSAS DE LAS INFECCIONES VAGINALES

Este tipo de enfermedades o infecciones aparecen cuando la flora de la vagina, y concretamente la bacteria del Lactobacillus no producen el suficiente ácido láctico para mantener el pH vaginal ácido. Este pH ácido impide que proliferen microorganismos contagiosos, que son los que originan las infecciones.

Hay distintos factores que pueden alterar este equilibrio: tomar antibióticos de forma constante, tomar antifúngicos, mantener una excesiva higiene íntima, utilización de anticonceptivos, espermicidas y también alteraciones hormonales, como la que se produce mensualmente con la menstruación o a partir de la menopausia.

SOLUCIÓN A LAS INFECCIONES VAGINALES

La solución a la mayoría de infecciones vaginales se alcanza gracias a los probióticos. Se trata de cepas de Lactobacillus que impiden la proliferación de microorganismos contagiosos en la vagina. Por otro lado, estas cepas también producen sustancias antimicrobianas que ayudan a prevenir nuevas infecciones.

Los probióticos se administran por vía vaginal u oral. En caso de vía oral, la dosis debe ser mayor.

MEDIDAS PREVENTIVAS ANTE INFECCIONES VAGINALES

Es aconsejable que, tras un tratamiento de antibióticos, se tomen probióticos para restablecer la flora vaginal.

Tras mantener relaciones sexuales, es recomendable orinar y lavar la zona íntima.

Evita la ropa ajustada que roce roce o pueda acumular humedad. Utiliza tejidos de algodón mejor que sintéticos.

Los alimentos ricos en azúcares, el alcohol y la falta de hidratación pueden favorecer la aparición de infecciones.
Utilizar jabón neutro: el exceso de higiene tampoco es bueno. Un lavado diario, con las manos limpias y jabón suave no perfumado debe ser suficiente.